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Efectos psicológicos del Covid 19

Vivimos tiempos inciertos, a nivel individual y colectivo, que nos enfrentan a una situación nueva para todos, lo que implica un proceso de adaptación y asimilación. Estos cambios se reflejan en muchos ámbitos, como, por ejemplo, en familias con menores a cargo que han de compatibilizar teletrabajo con la necesidad de cuidar sus hijos/as y ayudarlos con los deberes. También debemos tener en cuenta que las experiencias directas o las noticias diarias que nos conmueven alteran nuestro estado emocional.   La nueva realidad puede desregularnos emocionalmente, que sumada a un debilitamiento del apoyo social debido al confinamiento, puede resultarnos más difícil de sobrellevar, en especial a las personas que viven solas.

El confinamiento puede tener una afectación diferente en función de la persona que lo está viviendo y sus circunstancias. En los adultos, la vivencia de este estado de alarma puede vivirse como una crisis o una oportunidad, esto depende de la situación previa en la que nos encontráramos, es decir, nuestra situación social, familiar, personal y laboral. A su vez, el impacto en nuestras vidas puede variar en función de la afectación directa que nos esté causando el Covid-19, perjudicando nuestra salud o la de nuestros más allegados; o afectándonos económicamente, laboralmente, etc. Por último, es importante recalcar que el daño de esta nueva situación está modulado por el estilo de afrontamiento del estrés y resiliencia de cada individuo.

Respecto a los menores, un factor fundamental son las figuras de apego y sus estilos de afrontamiento, teniendo en cuenta qué patologías previas pueden agravarse por el estado de confinamiento.

“La seguridad del apego se fortalece cuando frente

a la adversidad el adulto proporciona calma”

Podríamos valorar, a grandes rasgos, cuatro tipos de perfiles de personas:

      1. Personas que se encuentran durante la cuarentena dentro de la Ventana de Tolerancia Emocional (los niveles emocionales, como, por ejemplo, de ansiedad o tristeza, son tolerables y consiguen estar en una zona óptima de activación la mayor parte del tiempo sin desbordarse). En este caso se encuentra gran parte de la población.
      2. Sujetos que están aparentemente bien antes del estado de alarma pero que las circunstancias del Covid-19 son un disparador de traumas no resueltos que generan estados de alta ansiedad, rabia, culpa, frustración…
      3. Personas vulnerables como individuos con patologías físicas o psicológicas previas, problemas familiares o de pareja, adicciones, etc., donde la situación presente es un detonante o un agravante de las circunstancias anteriores.
      4. Individuos expuestos de forma directa:
        • Afectados por la profesión que desarrollan, que puede conllevar una situación de elevado estrés y miedo.
        • Personas en las que su salud o la de sus allegados ha sido alterada, incluso provocando la pérdida de un ser querido con el consiguiente duelo.

Dicho esto, cada caso necesitará un tipo de apoyo diferente para poder gestionar la nueva realidad.

Proponemos las siguientes pautas, que pueden ayudarnos a sobrellevar mejor este periodo:

      1. Compartir con los demás como nos estamos sintiendo, vivir las emociones como vienen, aceptarlas y apoyarnos en otro adulto. El problema emocional no viene por buscar una solución: se resuelve si un adulto nos ayuda a expresar y organizar nuestra experiencia emocional.
      2. Autocuidado: 
          • Realizar y conectar con actividades que sientan bien, relajan o divierten.
          • Cuidar la alimentación, las pautas de sueño y hacer ejercicio.
          • Momentos de intimidad para estar solo.
          • Reforzar los momentos agradables.
          • Establecer rutinas diarias que nos proporcionen estabilidad.
      3. Identificar disparadores que nos activan emocionalmente y buscar estrategias para la próxima vez gestionarlo mejor.
      4. Buscar apoyos sociales, aunque los métodos sean diferentes (por ejemplo, videollamadas con nuestros seres queridos).

En el caso de los menores es fundamental una buena comunicación durante el confinamiento, dedicando tiempo y espacios compartidos con nuestros hijos e hijas (comidas, series, juegos, deporte, leer libros…). También es importante estar disponibles para que nos cuenten cómo se sienten y realizar un trabajo emocional para calmar sus inseguridades y miedos frente a la situación actual. El adulto ha de saber responder a las necesidades del niño o la niña la mayor parte del tiempo, siendo flexible y con una sensibilidad receptiva. Con esto, no estamos diciendo que los adultos siempre estén calmados y respondan adecuadamente a las necesidades del menor, pero sí que lo hagan y estén regulados la mayor parte del tiempo. Los niños, niñas y adolescentes necesitan espacios seguros y momentos de calidad que fortalezcan los vínculos de apego y los ayuden a sobrellevar la situación sintiéndose protegidos y cuidados, y, a la vez, sintiendo que pueden expresar sus miedos, sentimientos y frustraciones. Los adultos debemos tratar de ser empáticos con ellos, ayudarlos a gestionar sus emociones y regular también las nuestras. 

Por último, en referencia a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido durante el confinamiento, indicar que no todos los duelos han de ser traumáticos, pero los duelos durante el estado de alarma tienen características similares a las de un duelo complicado. 

Los psicólogos podemos predecir que el duelo en tiempos de Covid-19 es complicado por los siguientes factores:

  • La soledad que sufrimos durante este periodo de confinamiento, no pudiendo reunirte con tus seres queridos.
  • La impotencia que supone no poder apoyar a tu ser querido en sus últimos momentos de vida y despedirte de él, así como la falta de información y comunicación por la saturación de los sistemas sanitarios.
  • No poder realizar rituales significativos, como funerales o velatorios.
  • El duelo tras la pérdida de un ser querido ya es, en sí, muy doloroso, pero puede ser agravado por la situación de confinamiento y menor disponibilidad de nuestro entorno social, aunque sea a distancia.

Todos estos factores pueden provocar un desbordamiento emocional, no pudiendo resolver y procesar el duelo adecuadamente, desembocando en un proceso de naturaleza traumática.

Si algunas de las situaciones mencionadas anteriormente provocasen un fuerte desequilibrio emocional, no siendo de carácter puntual, es conveniente acudir a un especialista. El psicólogo podrá validar el estado emocional de la persona construyendo el sostén terapéutico necesario, que sirva de contenedor de las ansiedades y desequilibrios emocionales del paciente. 

El objetivo de la terapia es reparar las heridas, tanto del pasado como las generadas por el Covid-19, y reconstruir patrones de estar, hacer y sentir con los demás y con nosotros mismos.

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